Recibimos a Manu Fanego en Vuelta y Media, que se autodefinió como «artista». «El arte es una válvula de escape», afirmó.
«Me considero una persona no binaria e hincho las guindas con el lenguaje inclusivo», afirmó. «Mi género, o lo que autopercibo de mi género, se fue construyendo mucho en el escenario y atravesando personajes, viendo cómo me colocaba en cierto rol y me sentía más cómode».
Sobre sus inicios en el mundo del arte, contó: «Mi bisabuela era concertista. A los seis años iba a su casa y me daba clases de piano».
«Soy muy militante del juego. Cualquier cosa que existe en este mundo puede hacerse de un modo más lúdico. No juego de ‘tonto’, sino más por el arte la creatividad que requiere de juego», dijo el artista. «Por eso me dedico a la actuación», concluyó entre risas.
«Hay algo social, político e histórico muy importante en esas cuerpas tan marginadas de la sociedad. En los carnavales se veía algo de ese destello mágico que tiene toda la comunidad travesti-trans. Con el tiempo, toda la narrativa oscura, decadente, marginal, odiante… No podía entender esas dos versiones».
«Me bullinearon bastante con mi aspecto femenino. Yo a los 11 años ya me dejaba el pelo largo y me acuerdo que el quiosquero de mi casa me decía ‘nenita’. Un chico de la escuela me quería pegar porque era el hijo de Fanego».