Hablamos con Guillermo Favale, exboxeador y conductor argentino, en Todo Pasa. «Pegaba fuerte, me cuidaba, porque no tenía una mandíbula sólida. Fue uno de los grandes defectos que me hizo dejar el boxeo».
Contó que empezó a boxear a los 13 años. «Fue un rápido acceso al mundo adulto, que no fue bueno. En un aspecto sí, porque uno cree que puede manejar un montón de cosas, pero en otro aspecto no, porque uno no está adaptado. Y para soportar esa adaptación al mundo adulto, empezás a buscar unas variantes que no son las mejores«.
Sobre su adicción, afirmó: «No es algo de lo que me sienta especialmente orgulloso. De hecho, si tengo que definirlo, diría que fue una gran boludez en mi vida». «Durmó muchos años, 18».
«Lo conté para salir de ese estigma de que creen que aquel que consume dr0gas está tirado en una esquina, tiene determinada forma física o se comporta de determinada manera… En mi caso, fue así como lo estás viendo. Siempre me vi así».
«Soy un tipo estructurado, eso me salvó la vida. Fui estructurado hasta para eso».
«Me costó mucho salir. Y no es que no me daba cuenta que no era bueno para mí. Durante mucho tiempo en mi vida, la aceptaba así y si alguien me decía algo, no lo entendía. No estaba en condiciones de entenderlo».
«Hace muchos años que estoy bien. Mi carrera fue mucho más estable. Dejé de pelearme con la gente, dejé de ver enemigos en todos lados. Abandoné la paranoia, me enfoqué en trabajar y empecé a cumplir».
«No estoy orgulloso, ni quiero ser ejemplo en lo absoluto. Tuve suerte. No me hice ningún tatuaje, no tengo ninguna cicatriz, no me ropí ningún hueso. Estoy entero, puedo pensar, tomar decisiones. Mis hijos conocen esa versión, y prefiero que conozcan esa versión».