Gabriel Rolón en Perros: «Cuando te vas de un lugar, tenés que irte como si te fueras para siempre»
El psicólogo y escritor Gabriel Rolón visitó Perros de la Calle y dejó una columna cargada de reflexiones sobre la flexibilidad, el control y el reconocimiento en los vínculos. Junto a Andy Kusnetzoff, analizó por qué ciertas personas se inmovilizan ante lo imprevisto y cómo trabajar para construir una actitud más resiliente frente a la vida.
Rolón arrancó con una idea del Tao Te Ching: «Lo que es duro se quiebra, lo que es flexible se dobla y se vuelve a erguir», y la aplicó al modo en que cada uno enfrenta los imprevistos. «Armamos todo para que sea así, pero tenemos que tener en mente que a lo mejor eso no sale, que la vida nos sorprende con otra cosa», sostuvo, y remarcó que la obligación es «salir y dar batalla a un escenario que no teníamos previsto». Para graficar la idea, recurrió a una frase de Kierkegaard: «La vida no es un problema a resolver, sino una realidad a experimentar».
Sobre el vínculo entre personalidad y crianza, explicó que los primeros años y las identificaciones con los padres moldean si alguien tiende a la rigidez o a la flexibilidad, aunque aclaró que ambas pueden trabajarse. «No siempre sirve ser duro y firme, no siempre sirve ser tan flexible», señaló, y advirtió sobre un extremo que reconoció frecuente en consulta: «Hay personas que son juncos, juncos, juncos hasta que son una piedra que se te viene encima. Es que no sé ser firme: o soy suave y cedo, o agredo. Como no me gusta agredir, me banco todo. Tampoco está bueno eso».
Hacia el final, Rolón se refirió al reconocimiento en los vínculos y fue categórico: si alguien decide irse de un lugar porque no obtiene el reconocimiento que busca, tiene que hacerlo en serio. «Cuando decís que en un lugar te vas, te tenés que ir como si te fueras para siempre. No es ir y cada veinte metros darte vuelta a ver si se arrepintieron», afirmó. Y agregó: «Si vos tomás la decisión de irte de un vínculo porque no te sentís reconocido, no es me voy para que me valoren. Me voy porque no me valoran». Rolón también reconoció que muchas veces el reconocimiento llega tarde: «A veces estuviste tanto que no hacía falta, se dio como natural tu presencia, tus aportes. No se notaba justamente porque estabas».
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