Tomás Quintín Palma visitó Todo Pasa para presentar las nuevas funciones de La violencia de la ternura, la obra que comparte con su papá, Marcelo. Habló de su familia de payasos, del sueño de verlo en la calle Corrientes y de las conversaciones que el escenario les permitió empezar a tener.
“Vengo de una familia de payasos. No me gustaba estar rodeado de tantos payasos, flasheaba con familias más tradicionales».
Recordó un día que siguió a su papá por calle Corrientes después de un ensayo: «Vi que se paró frente al cartel de la obra en el Metropolitan… Era un sueño que escuchaba en casa. Sentí que había una frustración y la reparé».
Sobre la decisión de volver a hacer la obra, contó: «El año pasado hicimos ocho funciones, fue un disparate para nosotros. Ya estaba. Y cuando Sale la carta de Messi al padre, Yo estoy en casa y digo: ‘Che, ¿por qué no la sigo haciendo? Loco, yo tengo a mi papá vivo'».
También confesó que las charlas más profundas con su papá suceden arriba del escenario: “A veces hablar cosas muy íntimas con un familiar es difícil. Es difícil juntarse a tomar un café».
